Friday, December 02, 2005

Trabajos

Yo empecé a trabajar cuando tenia 17 años. He trabajado en muchas partes: he sido recepcionista, centralista, anfitriona, coordinadora de eventos, secretaria, niñera, vendedora... en fin, muchas cosas. Pero de uno de los trabajos (el más corto y peor pagado) que recuerdo mucho es el de vendedora de enciclopedias. Fue solo un fin de semana pero me enseño mucho de la naturaleza humana. Primero, nos dieron una mini instrucción para convertirnos en buenos vendedores de enciclopedias. El tip que más me impacto fue el de “no escuchar”. Si, así como suena, nuestro capacitador nos explicaba que no tuviéramos conversaciones con los clientes acerca de nada que no fuera referente a las enciclopedias. Si el cliente comentaba “Es que no puedo comprarla, porque mi abuela esta enferma”, nosotros debíamos hablarle de la actualización anual Gratis!. O sea, no desviarnos de nuestro objetivo bajo ningún concepto. ¿Qué al cliente le sangraba la nariz, mientras hacías tu presentación? Pues, no había mejor momento para mostrarle que las paginas eran a prueba de agua... y hasta sangre!. Lo peor de todo es que estos pobres “posibles clientes” habían sido obtenidos bajo engaño. Iban a los colegios, les indicaban a los niños que hicieran un dibujo, luego le avisaban a los padres que sus niños habían ganado un concurso de pintura y que fueran a retirar su premio en un prestigioso hotel de la ciudad. Cuando llegaban y les daban un piche premio (un rompecabezas hecho como de revista, un libro de cuentos y una perinola, eh, pero no los tres juntos tenia que escoger solo uno) y entonces venia la táctica de ventas. Primero, nuestro jefe les daba una charla muy conmovedora, hablando de la importancia de la sabiduría, la educación de sus hijos, que estaba sus manos, bla, bla y bla. Entonces veníamos nosotros, los vendedores “for the kill”. La primera vez, a pesar de estar nerviosa, hice tres ventas. Ni siquiera tuve que esforzarme mucho, solo me acerque a mi temeroso grupo de clientes y les pregunte con una sonrisa “¿Van a pagar con cheque, tarjeta o efectivo?”, me vieron con ojos de pena y todos adquirieron la enciclopedia. Ja, me dio risa en el momento, pero ahora pienso, pobres, quizás pensaron que era obligatoria la compra. Bueno, continué vendiendo, sin escuchar mas que los números de tarjeta o la aceptación de la compra. Acose a niños y a viejos. No me importo si acaban de enviudar o estaban en quiebra. Cuando estaba de lo mas concentrada en una venta, la señora cliente, a la cual yo seguía fastidiando aunque ya me había repetido varias veces no, me callo de la siguiente forma:

“Creo que tienes una liendra en el cabello... quizás alguno de los niños te la paso...”

Basta decir que no concrete ninguna venta más porque pase la mitad del tiempo en el espejo del baño chequeando mi cuero cabelludo. Nunca conseguí ninguna liendra (ni piojo, ojo) en mi cabeza, pero lo tuve merecido por fastidiosa y chupa sangre.
PD: Sorry, si alguien es vendedor de enciclopedias... y bueno, podrías averiguar que paso con mi actualización del 2005? Todavía no me ha llegado, no que la necesite ni nada, pero como era gratis... bha, olvídalo

1 Comments:

Blogger La Gata Francia hablo cloro y dijo...

Bueno, esto de vender no sé si sea un arte. Si lo es, definitivamente no estoy hecho para él. Tengo una experiencia también de corto tiempo: un día como televendedora. Fue horrible. Concreté una sola venta y engañando a un pobre señor (así lo exigían los jefes). Me sentí tan culpable, que renuncié.
Saludos

Fri Dec 02, 11:33:00 AM GMT-4  

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